No sé cómo
me lo monto pero cuando tengo que viajar invariablemente duermo poco y me hago
las cosas difíciles. La noche pasada no fue diferente. Debo reconocer que el
negociado de maletas es una clara ventaja de estar casado con Olga. Por
supuesto que hay muchas ventajas pero esta es una muy clara. Ella es eficiente
y ordenada. Yo soy ineficiente y caótico. Las cosas llegarán a Dublín
arrugaditas…
Para mi
sorpresa, al final no todo cupo en las maletas y en algún momento durante la
semana metí 2 kg de más en la maleta que dejé abierta para llevar a Dublin, la
que he facturado. Total, que cuando dejé de pasar el rato relajándome, yendo a
correr, preparando la cena y acabando unas cosas del trabajo me puse a hacer lo
que realmente debería de haber sido prioritario y casi a las 12 me puse a
recoger el piso, lavar los platos y… si, preparar la maleta. Con la tontería de
que más o menos había ido poniendo las cosas en la maleta según pasaba la
semana y se acercaba el viaje, y añadiendo que no pensaba llevar mucha ropa,
infravaloré el tiempo que me iba a llevar tenerlo todo en estado de
"agarra y largo". Cuando pesé la maleta, pues tuve que sacar cosas y
pasarlas a la maleta de mano, y (sniff-sniff) dejar una tabla de roble rojo.
Volará en Julio conmigo, seguramente con nuevos amigos de su especie. Como no
quería viajar cargado a los topes, me autoimpuse el límite de la maleta grande
y un trolley. No llevo mochila. Con lo cual, y dado el necesario transvase de
cosas entre una y otra y las habituales limitaciones sobre líquidos y objetos
cortantes, el trolley va a petar.
La gracia es
que voy a volver a Portland el lunes con un maletón completamente vacío y un
trolley mayormente vacío. Ahora tengo que ir pensando en si quiero poner el
trolley dentro de la maleta grande para reforzarla o no. Si lo pongo, no tengo
dónde llevar el laptop, mi cámara, etc…
Pero bueno,
todo eso lo decidiré en el último momento, seguramente el domingo entre las 12
y la 1 de la madrugada, verdad?
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