Sunday, June 15, 2014

Qué día mas bueno

hoy ha sido un buen dia. Me he despertado relativamente tarde, con lo cual estaba relajado. Como no hizo buen tiempo, pues sin prisa he recogido, desayunado, hablado por skype con Olga y los niños y me he marchado a buscar Yard Sales. Por si no sabéis lo que son, las yard sale son como mini-mercadillos que los propietarios de una casa hacen en fin de semana para vaciar la casa de trastos o para deshacerse de cosas que no necesitan cuando se mudan de casa. Suelen estar indicadas con carteles en colores fluorescentes colocados desde las avenidas principales para guiar a quien esté interesado hasta la casa en cuestión. Tiene un poco de búsqueda de tesoro, con los carteles incrementando el suspense, luego viendo desde el coche si puede interesar algo o no, y por último acercándote y husmeando tesoros escondidos entre la mucha basura... El caso es que iba buscando cosas muy concretas y no ha ido demasiado bien, no he encontrado nada. Me he parado a comer en un restaurante buenísimo que ya probé en mi primer fin de semana en Portland. La comida ha sido excelente, pero estaban las camareras totalmente empanadas y han tardado un siglo en traer el plato principal, siendo mi entrante patatas fritas con alioli, lo cual más o menos significa que tu entrante es acompañamiento del principal... pues nada, que después de seguirlas con la vista y agitar la mano varias veces, uno de los cocineros o un jefecillo (no sé que era, pero no parecía un camarero y llevaba delantal) me ha traído el principal y al final me ha visto tan rallado que me ha dicho que el café y el entrante eran cortesía de la casa. Bueno, pues vale... repuesto del hambre, me he ido a ver una exposición de Mark Steinmetz, uno de mis fotógrafos vivos favorito. La exposición es en una galería de arte y las fotos las venden (sin enmarcar, solo con passepartout) a 2000 o 2400 dolares la pieza. Eso si, edición limitada titulada y firmada a lápiz en el reverso por el autor. Pero tela! En la galería de al lado (están en una zona de Portland que tiene muchísimas galerías de arte) había otra exposición fotográfica y he entrado también. Las fotos se podían comprar en ese caso por 800 dolares, o 700 por algunas de las fotos que tenían mensajes imprimidos en tinta gris super ténue. Increíble. Me da la razón a mi visión de intentar dedicarme a la impresión fotográfica de calidad museística.
Después de la exposición, me he dedicado a ir a la parte este de Portland intentando buscar Goodwills, Thrift Stores y Yard Sales. Todas estas cosas vienen a ser lo mismo. Lugares de búsqueda de tesoros. Buscando uno de ellos, he encontrado una tienda, de paso, que se llamaba Trading Post, y que parecía una tienda de cosas de segunda mano. Menudo desorden! Era como un almacén con todo tipo de trastos, ropa, herramientas, etc, etc. He preguntado si tenían cámaras o unas sartenes que andamos buscando y me ha dicho el hombre al que he preguntado que iba a preguntarle a la jefa. La jefa, una mujer delgada en sus 50 bien entrados, era muy simpática, y me ha empezado a preguntar que de donde era mi acento, y me ha dicho que conocía a un español mezcla de vasco y siciliana que vivía por allí. Luego me ha presentado a su encantador marido alemán, incluso a su excéntrico padre. Menuda tropa! Me he puesto a charlar con el alemán, muy atento e interesante, y me han dicho que si quería quedarme, podía ver cómo el alemán en cuestión hacía un conciertillo tocando como Johnny Cash. Le llaman German Cash... y la verdad es que me he dicho "qué porras!" y me he sentado con ellos. Me han presentado a unos cuantos parroquianos que deben pasar el día allí, muchos de ellos retirados, otros sin oficio conocido. Todos han flipado por conocer a un español llamado Pablo, todos me han explicado sus experiencias en España o lo que les evoca España, y me han invitado a tomar un perrito caliente mientras German Cash cantaba. Resulta que el hijo de Cash y la dueña del local toca la guitarra. Es un jovencito quinceañero con bastante talento. Quizás no tanto como sus padres quieren ver en él pero para mí quisiera su maestría con la guitarra, a su edad. El caso es que los he escuchado a ambos, he charlado con estos, y me he dado cuenta de que la vida, cuando te la tomas de forma sencilla y decides confiar en la gente, aunque pueda ser un poco rara, te suele devolver una sonrisa. Y eso es lo que he recibido. Una inesperada sonrisa, un pequeño tesoro que para mí hace mi álbum de fotos mentales en la vida un poco más rica. Cualquier aventurilla que no pase por ir a un centro comercial o a la vida adocenada que tendemos a vivir es una declaración de independencia. Si alguien se decide a comentar y me lo pide os puedo contar anécdotas raras como estas que llevo grabadas a fuego y que sin duda iluminan más allá de lo inicialmente esperado cualquier viaje. Aquí van los títulos: guitarrista fotógrafo en Córdoba, presentación de un libro en petit comité (Olga y yo eramos la audiencia de un conjunto de 4 ponentes!), dormir en el Toyota Corolla por falta de plazas de alojamiento libres, dormir en un tugurio horroroso sin quitarse la ropa por miedo a contagiarse de algo, por la misma falta de previsión con el alojamiento, etc, etc, etc.
Como no podía ser de otro modo, se me ha ido el ojillo hacia una pila de trastos que no andaba lejos de donde me senté. Cajas de herramientas... y cuando empiezo a remover encuentro un cepillo de carpintería antiguo muy bonito (bueno está oxidado pero será un placer restaurarlo, y corta bastante bien, que es lo que importa), que se viene a Europa conmigo. Uno de los señores que había en el improvisado concierto proclamó que era suyo y tuve que negociar el precio con él. Me dijo que era vintage, un clásico, y me quería cobrar 50. Tras una ardua negociación, lo he comprado por $20. Probablemente 5 o 10 dolares más de lo que la señora me hubiera cobrado pero lo damos por bueno.
Antes de irme, la señora me ha despedido cariñosamente y me ha agradecido haber aceptado quedarme con ellos un rato. Me ha preguntado si tenía críos, a lo cual le he respondido que sí, que dos niños pequeños. Ella me ha dicho que también tenía dos varones, pero que el hermano del guitarrista falleció por la leucemia a los 12 años. Se me ha caído el alma a los pies. Qué horror... Le he dado un abrazo y ella me ha regalado una cosita para mis niños. Lo que digo, humanidad la encuentras en todos lados. Y la humanidad a veces es dolor y a veces es alegría. Y muchas veces ambas a la vez.

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