Monday, June 23, 2014

el sofrito antes de la paella

Es el título de este post una versión gastronómico-ibérica de la calma que precede a la tempestad? Ni idea, tú... pero el caso es que será mejor que me ponga al tajo porque me pilla el toro (siguiendo con los topicazos cañí). Ayer me hice voluntario único de una paella para 8 que pienso cocinar el sábado. Los StAmour y los Miller me entretuvieron ayer y pensé que casi mejor distraerse bien distraído y hacer lo que se pueda con la comida que todavía tengo por gastar.
La verdad es que ordenado en casa no soy mucho, pero lo que es mañoso para pulirme toda la comida de la despensa cuando hay que vaciarla, soy un rato. Hace cosa de dos semanas, cuando la cuenta atrás era ya un hecho y los días pasaban mucho más rápido de lo que creía, me entró un poco de pánico mirando al congelador y la despensa. Yo soy de mantener mi despensa bien surtida. Especias, pasta, latas, frutos secos, atún, queso, lo básico pero a diferencia de otra gente, yo no puedo vivir sin tener un "fondo de armario" que me permita hilvanar platos al vuelo. Si me falta ajo, o aceite, o peregil, o sal-vinagre, o hojas de laurel, pues me puede dar un yuyu... y claro, cuando toca levantar el vuelo, pues hay que ingeniárselas. Veamos: la excesiva presencia de arroz ha motivado paellas varias, una palangana de arroz con leche, arroz blanco con tomate (a la cubana), etc. La presencia de pastas varias ha motivado la aniquilación de diversos trozos de carne que había por el congelador. Ahora tengo varias carnes cocidas que se mezclan bien con pasta o cus-cus y vamos puliéndonos dos ingredientes. Los huevos dan lugar a tortillas, que a su vez se liquidan las patatas. Así las cosas, hoy mismo he acabado de cocinar el último envase con producto congelado: cerdito, que ha sido enternecido hasta el extremo. Esto me dará para un par de días de pasta o comido tal cual con algo de ensalada. Después de hacer el cerdito en la olla, le ha tocado el turno a los tomates y la cebolla, que ahora mismo están sufriendo una gloriosa metamorfosis en un monumental sofrito que usaré el sábado en la paella.
En fin, que como ya sabéis, yo me lío con estas cosas y le gano tiempo a la empresa, el aburrimiento, la pérdida de tiempo ante la tele y la tristeza. Que no falte nunca el estrés benigno.
En el trabajo, las cosas están totalmente apagadas y tenemos que concentrarnos inhumanamente en mantenernos ocupados.
Fuera del trabajo pues liquidando las últimas compras, preparando la maleta mentalmente, convenciéndome a mí mismo de que no es buena idea comprar la lente de Zeiss (por ahora, esa cae seguro cuando acabe el start-up), y pensando en qué caerá en la última visita a mis tienditas favoritas. En fin, el consumismo a saco. Sazonar con un poco de Mundial de fútbol y amigos y sale una buena Zarzuela.
Por cierto que tal y como suele la gente hacer, al ir cerrando una etapa se mira atrás y se hace balance. Muchas cosas de este viaje que pensaba que me animarían en la soledad y que francamente me apetecía revisitar, se me han desmoronado parcial o totalmente. Los recuerdos de Portland de cuando empecé en la empresa, recién casados, recién acabada mi tesis (menudo palo!), eran increíbles, vívidos, perfectos. Hicimos amigos, aprendimos mucho, lo pasamos bien, disfrutamos, visitamos sitios, en definitiva, creo que vivimos un tiempo que recordaremos con sonrisa hasta el día que nos muramos. Mucho de eso ha cambiado, y francamente esperaba más. Casi uno a uno aquellos mitos han caído. Sin ir más lejos, me esperaba más compromiso amistoso de mis amigos. A veces pienso que somos un poco tontos por darnos tanto a los amigos. No sé si somos nosotros o es una cosa mediterránea o qué, pero la verdad es que a veces estoy en casa de alguno de estos amigos aquí y aunque no me digan nada o sean cordiales, hay algo que estropea un poco esos momentos. Raramente le diría a un amigo que se tiene que pirar porque hay que madrugar al día siguiente. Bueno, no antes de las 11pm sin duda. Otras veces, esperas que así como tú planeas que podrías hacer algo con ellos si estás por aquí, parece que ellos no cuenten contigo, sabiendo que estoy colgado aquí. Quizás piensen que a un hombre solo no le apetecerá estar con los niños, pero en realidad me gusta estar tranquilo y pasar un rato agradable charlando, viviendo un poquitín su vida. No pido nada, solo un poco de compañía. Y me parece a mí que el 4 de Julio al final me lo voy a pasar yo solito. No, no os penséis que me hago mala sangre. Todo el mundo está liado, todos tenemos condicionantes, pero de alguna manera reafirma mi idea de que como en el mediterráneo (Anto, incluyo a los italianos, todos los catalanes, estáis incluidos, incluso los vascos :)) no se encuentra calidez humana. Todos muy cool y muy racionales pero en la vida hace falta un poco de pachanga desorganizada.





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