Monday, July 7, 2014

Al otro lado

Ya estoy aquí. Escribo desde el otro lado del Atlántico, desde el otro lado de mi (acabado) assignment, desde el otro lado de la tristeza de estar sin mi familia, desde el otro lado del reto. Echo de menos cosas de mi rutina pasada y recupero lo que me gusta de mi lugar, de mis aparcadas rutinas familiares. Ayer fue un día extraño por la extrañeza del jet lag, que juega con tu cansancio y con tu estómago. Como siempre, el recibimiento, con pancartas y todo, fue estupendo. Las carillas entre super felices y desorientadas de los niños son siempre inolvidables, recuperar sus vocecillas infantiles, sus comentarios, su forma de andar y enseñarte cosas es más de lo que nadie puede alcanzar en la vida. Compartir tiempo con ellos mientras juegan o comen, o ven la tele es un tesoro olvidado e infravalorado. Tanto estar lejos de ellos me ha afectado a la paciencia y la comprensión hacia ellos. No puedo decir que dure mucho, pero quién sabe? ha sido muy intenso el no tenerlos a mano. Ahora que empiezo una semana y pico de vacaciones donde los voy a estar cuidando me parece increíble, un lujazo estar con ellos y me ha sorprendido esta mañana cuando empecé a plantearme qué podemos hacer, qué les voy a preparar de comer, cómo nos podemos divertir, encontrar una sensación completamente diferente de la que tuve cuando vinieron a visitarme o incluso cuando vine por 3 días hace cosa de un mes. La sensación de provisionalidad, de excepción se ha ido y ahora tengo sensación de tiempo ilimitado, de estar realmente aquí. Qué bueno!
Me he despertado a las 4am y ahora son casi las 9am y los niños y la aupair duermen todavía. Ainara, nuestra aupair, se va ya mañana de vuelta a su Bilbao. Nos quedamos solos por ahora. Dentro de poco vendrán abuelos a pasar un poco de tiempo con nosotros, gracias, gracias, gracias. Y dentro de algo menos de 2 meses vendrá una chica nueva, a ver si la tercera es la mejor, para ayudarnos con todo lo que viene. Ojalá vea los ojillos de los chicos brillar de contentos con ella y sus caracteres cambiar para mejor. No hemos estado disgustados pero quizás nos ha faltado un poco más de conexión tanto con los niños como con nosotros. Pero bueno, supongo que hay que ver el vaso medio lleno y ha sido una ayuda en casa mientras yo estuve lejos. Cuando Ainara salga a dar un paseo, pondré a los peques a hacerle alguna tarjeta de despedida y esta noche les haré a los tres una buena foto para que se lleve de recuerdo.
Cortar el cesped, empezar a ver lo que hay que arreglar/retocar/mejorar sin duda me hunde de lleno en la realidad que he dejado por un tiempo. La realidad que yo elegí y que he hecho mía. La que peleo por mejorar para mí, para Olga y sobre todo para los niños, porque esta realidad, lo que vean a su alrededor, lo que observen que papá hace, se convertirá en lo normal, la referencia de mis niños. Si tenemos poca paciencia y les gritamos cuando hacen algo malo, eso harán ellos cuando sean mayor. Si no tenemos cuenta de las cosas o no arreglamos lo que se rompe, eso será un micromensaje que algún día ellos considerarán como normal. Puedes crear una persona despilfarradora o cuidadosa con el mismo esfuerzo. Ayer me vieron cortar el césped para que el jardín se vea mejor, me vieron arreglando un listón en el banco del jardín que se había estropeado durante el invierno y me vieron jugando con ellos y teniendo paciencia. No poco.
Bueno, ya no más caramelo. Tengo malas noticias (para mí), frescas de esta mañana después de ducharme: me he engordado mogollón en este último mes, a pesar de que he ido a correr 2 o 3 veces a la semana, cada semana. Como dice mi amigo Mark, "You fatso!"

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