Thursday, April 10, 2014

terapias

Pues ya están aquí los tres que esperaba. Como siempre, todo muy intenso. Lo bueno, y lo malo. Contra mi costumbre, salí del trabajo a una hora adecuada para llegar sin apuros al aeropuerto. La emoción de pensar en los niños viéndome y echando a correr o chillar en el aeropuerto, era muy fuerte y no me lo quería perder por nada en el mundo.
Total, que llego al aeropuerto, busco mi camino hacia donde debo apostarme y me siento unos minutos con un café. Confirmo que el vuelo de United desde San Francisco aterriza a la hora y empiezo a ver pasar gente que yo quería pensar que venían de SF. Al cabo de un rato largo, veo a lo lejos a Olga con el pelo recogido en una coleta y los dos niños, que se me antojaron más altos y mayores. De alguna forma eso me supo mal, porque si en tan poco tiempo ya cambian hacia más mayores, aunque sea solo en mi cabeza, pues es un poco la confirmación de que me estoy perdiendo sus vidas. Por trabajar. El caso es que me pongo de pie y espero que miren hacia donde estoy esperando. Se van acercando y nada. Por un momento, parecía que Aidan proponía ir por un camino equivocado pero finalmente se acercaron tanto que Olga reparó en mí y les dijo que allí estaba papá. Todos contentos, una reacción más madura que hace años. Sonrisas grandes, cautela al correr o gritar, un poco como que no se lo creían. Luego, los dos un poco alucinados y cogiéndome de la mano.
Bajamos las escaleras mecánicas y fuimos a buscar las maletas. Todo bien, todos cansados pero satisfechos de estar juntos. Al cabo de un rato, sale una maleta, luego la otra y........... la última no viene. Vamos directos al mostrador de United, 10 metros mas allá de la cinta, y ponemos la reclamación. Olga tiene un seguro de viaje contratado, con lo cual estamos cubiertos. Nos vamos a casa y hacemos vida de familia. De una familia zombi por las circunstancias y por el cansancio.
Esta mañana, ni rastro de la maleta, todavía. Tomás se levanta a las 2am, Aidan a las 4am. Me dejan dormir (gracias Olga!) hasta las 7am y nos ponemos en marcha. Hacia las 8.30am hemos decidido irnos a dar un paseo por el parque natural que hay al lado del apartamento. En un paseíto de no más de media hora, desde el coche hasta el "quiero comida!" de Tomás, hemos conseguido ver: unos ornitólogos aficionados (unos jubilados con grandes prismáticos y cámaras camufladas esperando a que un pájaro apareciera), un pájaro carpintero en su nido, un ciervo a unos 3m de nosotros, y un montón de verde y árboles grandes y nobles. Qué gozada!
De ahí hemos ido a la fábrica de donuts, una franquicia de Krispy Kreme donuts, que tiene la unidad de fabricación a la vista. Muy divertido, pero los donuts no son tan buenos como recordaba. Se les ha ido la olla con tanta historia que les meten, dentro y fuera. Casi no saben a donut, solo saben a azúcar alterada.
Después de esto, hemos dejado a Olga en unas tiendas para que comprara algo de ropa para los niños, ya que lo de la maleta pinta mal. Mientras, los niños y yo en un parque esperándola, jugando. Un día precioso, por cierto.
Venimos a casa, comemos pasta con carne muy rica y todo va bien, todavía.
Pero después de recoger, cuando Olga estaba a punto de irse un par de horitas a comprar algo de ropa para ella (si, la maleta no aparece), la tortilla se voltea y la luna de miel se acaba. Tomás ha abierto la puerta de casa, ha salido y no ha dicho nada. Lo encontramos, lo metemos en casa y entonces las llaves del coche no aparecen. Empezamos a girarlo todo en la casa, con una agonía creciente, un mal rollo tóxico, crecientes broncas a Tomás, creciente tomadura de pelo de Tomás, y.... una hora y pico después aparecen las llaves detrás de la basura. El crío no ha sabido o querido decir dónde estaban. No sé otras familias, pero la nuestra no está demasiado preparada para lidiar con situaciones como estas y los efectos son bastante devastadores en todos. No sabemos pasar página fácilmente. Nos bloqueamos, salimos por peteneras, somos poco racionales y muy raciales de rancia españolidad, supongo. Tantos años fuera para esto... Bueno, vamos a ver cómo pasa la marea. Esperemos que podamos ponernos en pie para aprovechar un poquito el fin de semana.
Seguiremos informando, en cuanto sepamos de qué informar.

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