acabamos de volver del Mount Hood. Que gozada! hoy nos hemos demostrado a nosotros mismos que es totalmente injusto llamar vagos a nuestros hijos. Por la mañana hemos andado una milla y por la tarde nos hemos metido una excursión de montaña con bastante desnivel y nieve de (agárrate los machos) dos horas y media. Y los chicos no se han quejado. Sobre todo Tomás, la verdad sea dicha. El crío se ha portado como un campeón por la tarde y no ha rechistado para nada durante la subida de una hora hasta el Mirror Lake. Ha llevado buen espíritu, no ha hecho el tonto para nada (había algunos tramos muy expuestos, en especial con la nieve en el camino y teniendo que llevar a los chicos de la mano, lo cual hacía más difícil pisar bien). Nos ha vuelto a hacer un día de cine. Caluroso pero no mucho, con lo cual las excursiones en la montaña requerían una chaqueta pero no demasiado gorda. Perfecto! Ni que decir tiene que los niños lo han pasado genial con tanta nieve. Han hecho sus muñequitos de nieve, hemos jugado a tirarnos bolas, hemos hecho fotos de grupo, y mucho ejercicio y buen rollito. Menudo super finde que nos hemos calzado.
Una pena que estos chicos amigos nuestros no hayan estado más inspirados porque esta mañana cuando nos hemos ido a hacer la excursión de la mañana nos han dicho que seguramente pondrían a dormir a sus bebés y que de todas formas Georgina (la anfitriona) se temía que tendría que volver a Portland para trabajar en algo. Con lo cual, cuando hemos vuelto a mediodía ya se habían marchado y hemos comido los cuatro solos. Que se le va a hacer, ¿no? Ya a nadie le llama la atención de ver como mi empresa puede maltratar la vida privada de sus empleados. Y estos chicos no son una excepción.
Antes de marcharnos, he chafardeado el taller que Dustin tiene montado en su garaje. Como todo buen americano, tiene montones de herramientas apiladas ahí. Menuda envidia. No estoy seguro del todo, y no quiero que esto parezca una crítica, pero he pensado que con todo este material y el lugar que tiene para trabajar con él, yo estaría dándole la brasa a todo el mundo y no pararía de hacer cositas. En cambio, esta gente parece que no le dé importancia a tener estas cosas. Yo sin duda le doy demasiada. Ni tanto ni tan calvo, creo yo, pero aunque le sé ver el valor a no dejarse impresionar por las posesiones materiales que uno pueda tener, también le veo el valor al apreciar las cosas que te enriquecen. Yo, y muchos españoles, italianos, mediterráneos, tenemos el gran defecto de ser poco racionales, dejarnos llevar por la pasión y el pensar en caliente. La falta de racionalidad en ciertos ámbitos. Sin embargo, tener pasión por las cosas es necesario para un mayor disfrute y para una vida más plena. Ahí mismo tengo las dos visiones de una misma realidad. Una es la que he encontrado fuera de casa. La otra es la que llevo conmigo. Reflexionar sobre ello, aplicármelo para ser algo mejor es algo que me gusta e invito a cualquiera a hacer. Hoy la excusa es la colección de herramientas de un amigo.






No comments:
Post a Comment